Yayo Delgado, Como una sola alma
23/05/11, 17:13
Muy pocas cosas hay más bonitas que los abrazos tras un gol de tu equipo. Muy pocas. Dos abrazos gigantes, nos dimos el domingo en el partido del año en nuestra Nueva Condomina. Llenazo de ilusión. 16.000 almas que son el murcianismo militante, ese que lleva el escudo después de muchas generaciones, y que ahora, saliendo de Segunda B, ha logrado convertir un lema único en icono real. Como una sola alma. Desde la llegada del equipo, hasta el final del partido, ya cuando los jugadores habían abandonado el césped, y de las gargantas agradecidas que realmente están viviendo este renacer desde una fe gigantesca, cantaban un como no te voy a querer que puso la guinda a un día sensacional. Nada, ni nadie, va a cambiar la ilusión que tuvimos, y menos aún, ver cómo se hacía realidad el partido que habíamos soñado. No es fácil. Es tan complicado el fútbol de hoy, que saber valorar un triunfo como el de ayer es esencial para entender de qué hablamos cuando decimos murcianismo.
Esos dos abrazos cerraron milongas. No es momento de coser rotos en el maravilloso tejido que estamos creando, desde que empezó la temporada de nuestro renacer. Se cerrarán solicos, porque en el fútbol hay tiempo para que las heridas desaparezcan, incluso esas que alimentan quienes desconocen qué es sentir el club por encima del fútbol mismo. Ni pitos a jugadores, ni falta de compromiso de una ciudad que sigue mirando a las estrellas y no a su corazón, ni condicionales temporales de los qué hubiera, o hubiese pasado, fabricando ese futuro ya lo dije, que tanto, tantísimo daño hace ingenuamente. Son formas de ver fútbol. Esos pocos, también disfrutaron. Esos pocos, también se abrazaron, porque con el gol, vamos a una. El fútbol es así. Ni siquiera mención a la barbarie antiviolencia, violenta. Nada merece más la pena que seguir disfrutando con el Real Murcia que pensar en las injusticias de siempre. No nos moverán.
Dos veces medio lleno, hacen un vaso rebosante de alegría. Fútbol. Aguilera jefazo, por encima de sus rivales, buscando rechaces, llegando al metro más. Kike García. Demostración de crecimiento. Un chaval que parecía mundialista con cualquier selección escandinava, bajando balones, controlando tiempos, velocidad punta, excepcional colocación. Chando, siempre nueve, y un saber hacer que asusta. Cumpliendo expectativas. Lo que muy pocos pueden hacer. Gago, magistral asistencia. Richi, siempre ahí. Achuchando, salvando balones. Luciano-Amaya, un murete de seguridad… Falta que vuelva el Pedro de las estrellas, y aún así, cada balón en sus pies es fuego. Torito, grande, temple y ganas. Pinta gol suyo en el Anxo. Tremendo. Su día. Isaac cogió la moto, y en Lugo nadie pudo apuntar su matrícula. Se lo dijo Miguelito en la caseta. Isaac, el revulsivo, no es tal. Es el hombre H. Al que marcan hasta en el vestuario con la cruz. Respondió, y metimos medio ascenso en el corazón.
Toca alargar la semana, porque falta la última pieza de un puzzle en el que podemos leer ya la palabra EQUIPO. Porque el Real Murcia ha llegado hasta aquí unido, demostrando que el fútbol son muchas cosas, pero que teniendo un equipo en el que todos dan su sitio por el otro, esa palabra toma una fuerza que lo hace indestructible. Más aún, sin ese grupo sabe que su responsabilidad es llevar el amor incondicional de miles en el escudo de sus camisetas. Lo sabe Iñaki Alonso, uno de los nuestros, y lo saben todos los que viajarán a Lugo a ganar el partido, una vez más… Mientras, ya podemos notar cómo renace el espíritu, más fuerte, más duro, más murcianista, de un equipo que empieza un ciclo histórico: el Real Murcia Ave Fénix. Vale.