Yayo Delgado, Como una sola alma
30/05/11, 17:52
Como una bola de nieve que cae por la montaña. Así ha llegado el regreso del Murcia, sólo una temporada después, a Segunda división. Cuando Montilivi apagó el murcianismo de un plumazo, aquel fatídico día de lluvia, nació un puntito de esperanza, muy poco después de aquel partido. Una pequeña chispa que encendió un nuevo sentimiento, más fuerte que ningún otro. Esa llama fue creciendo en el interior del murcianismo, que descubrió de la forma más cruel que no es cuestión de dónde esté tu equipo. Todo es quién eres, y eso es para siempre. Llegó el mago de las ilusiones, un mister cuyo lema es que los sueños crean realidades, en el momento justo. Nos pusimos a soñar, y la bola empezó a crecer y crecer. Victorias y unidad, para un Real Murcia que renacía cada jornada. Un nuevo espíritu, en un club que se refundó en una sola alma, este año inolvidable para el fútbol.
Esa unidad celebró su día en Lugo. De madrugada a madrugada, toda la familia grana fue un puño apretado, un corazón gigantesco que palpitaba, empujando a un club que no podía fallar. No podía, literalmente, porque la inercia de haber construido algo tan fuerte fue suficiente para ganar la eliminatoria. El fútbol se hizo en Murcia, y en Galicia, justo en la otra punta de España, en un campo pequeño, una nueva tarde de lluvia, con Alberto en la portería y frente a un equipo rojiblanco de pantaloneta azul, el fútbol se hizo reversible y la moneda cayó por el lado de la victoria, porque pesó mucho más todo lo que estamos viviendo. Es grande el fútbol siempre, sobre todo, en las alegrías, que se agrandan después de haber sufrido derrotas históricas.
Este nuevo Real Murcia acaba de renacer. Es un club nuevo, con una afición, la de siempre, que se ha hecho invencible, y un equipo que lo sabe, y además, necesita de ella tanto como ella de sus jugadores. El ascenso ha sido de todos, porque todos somos el Real Murcia. Volvemos mucho más fuertes, sobre todo, porque sabemos muy bien qué es el fútbol, y quienes somos nosotros. De madrugada a madrugada, otra vez, el fútbol nos dejó un día inolvidable, de abrazos de alegría y emociones increíbles. Montilivi ya no significa Montilivi. En ese hueco de nuestros corazones ahora pone Anxo Carro, cerrando un círculo que nos ha hecho mejores. Ahí está esta temporada, en las crónicas, en las fotos. Una temporada para aprender, y no olvidar nunca, porque lo tenemos todo para que esto sea el principio de ese equipo grande que soñamos. Enhorabuena a todos los murcianistas. No es dónde estamos. Es lo que somos. Vale.
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