Yayo Delgado, Como una sola alma
05/09/11, 12:13
Una mala siesta, un día negro, un cabreo enquistado, una tarde de acidez y ardores, una jaqueca que no se va, un mal recuerdo… Cuando el balón empieza a girar, tras el pitido del árbitro, entran en colisión millones de circunstancias a su alrededor. Los intangibles, que la mayoría de las veces pasan desapercibidos para el gran público, pueden hacer que un jugador, un equipo, un árbitro, un entrenador… cambien el sentido del partido. La concentración es clave para todo desarrollo profesional, especialmente en el deporte, y aún más, en el fútbol, donde la pelotita bota, sube, baja, y su control total ha estado al alcance de muy pocos, en unos pocos partidos a lo largo de toda la historia. Da miedo pensar en lo que pueden estar pensando los 24 o 25, o más protagonistas de un partido de fútbol en el momento de jugar al balón y decidir sobre su desarrollo.
Un jugador que duerme acurrucado en un sillón de hospital, acompañando a un familiar, una preocupación que supera su afán por deleitar y superarse, un año difícil, puede minar el desarrollo profesional, sin que nadie se percate. Un fracaso en el campo suele poder con todo lo demás. Quién sabe el por qué… Los por qué… Un futbolista me dijo una vez que sus mejores partidos siempre coincidían cuando el resto de cosas mejor le iban en la vida, y los peores, al revés. Siempre que un futbolista marca un gol y lo dedica a su hijo recién nacido, a su mujer embarazada, con ese gesto que todos reconocemos y que se repite casi en cada jornada, recuerdo esas palabras. Qué más cabe ahí, en esa ecuación que nos recuerda que los que portan nuestro escudo en su pecho también son personas que viven en este planeta, que animarles, pase lo que pase, siempre, como máxima incondicional a nuestros colores, con el peso que esa confianza ya supone la mayor exigencia.
Las motivaciones de un árbitro siempre estarán unidas a su destreza para controlarlas, también emocionalmente. Acusar a un profesional de dirigir su silbato es gravísimo. Entender qué puede hacer que una persona que ha pitado cientos de veces encuentros de fútbol de nivel profesional deshaga el fútbol, es mucho más sencillo, sobre todo porque no cabe otra opción que aceptarlo como un intangible más, una piedra en el camino, que los buenos harán por convertirla en palanca, para apoyarse sobre ella. Cuando uno cae, sea por el motivo que sea en fútbol, lo más importante es levantarse con más fuerza. Dos expulsiones esta jornada han destrozado equipos. Una, a los nuestros, con otras muchas tarjetas que minaron el juego, más uno, dos o tres penaltis, y una derrota que escuece más de la cuenta, por ser la segunda y porque vuelve a ser injusta. Otra, al rival. En la acera albinegra les dieron con el mazo para rematarles. Una roja inventada que les metió en un agujero insalvable, y hablan de humillación, cuando sólo ha sido fútbol. Injusto… y es parte del juego aprovecharlo, porque no queda otra. Ya nos vendrá el rico con la B y chavales que juegan con menos intangibles que los demás, adulterando el campeonato… y habrá que tomárselo, qué remedio, como un intangible más. Vale.