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La cantinela
Yayo Delgado, Como una sola alma
12/09/11, 11:52
Elegí un mal día para volver a Nueva Condomina, pensé al sentarme al volante del utilitario, para volver a casa después del 0-2 con el Almería. Quería decirle al Guille que habíamos ganado, que se contagia con la alegría máxima y recorre el pasillo animando al Murcia moviendo su camiseta grana y besando el escudo. Pero no iba a tener fuerzas. Parece mentira, pero suele pasarme todos los años, el primer día que regreso. La ilusión de volver al asiento, de ver a los amigos, los abrazos y respirar el ambiente, las banderas, las bufandas, los saludos por toda la grada, parece que va a hacerme olvidar que no todo es maravilloso. Porque la derrota con el Almería dolió, sobre todo porque dolieron mucho más las dos anteriores, pero no fue el justo 0-2 que encajamos lo que me devolvió a la realidad del fútbol en Murcia.
Fueron los pitos, los insultos, las mofas, la ironía… Año tras año, volver significa no ver una unión total en la grada apoyando al equipo cuando las cosas se ponen feas. Fue una camiseta: Primero del Murcia, luego del Madrid, como si lucir semejante lema eximiera de algo. Fue un socio de dos cifras llamando gandules a los futbolistas, mientras a su alrededor asentían con mofa. Fue escuchar a mi lado a alguien alabar a Lucas Alcaraz como jamás se le alabó cuando llevó al Murcia al noveno puesto al final de la primera vuelta en Primera División, destacando su valentía por sacar un delantero a pesar de ir con uno menos… Nada sobre el perfecto planteamiento del Almería, ni de su acierto de cara a gol. Fue volver a escuchar las teorías de la conspiración urbanística samperianas, tragar el consuelo de otros por la derrota del Cartagena o hasta tener que soportar que acusaran a Emilio Sánchez de borrarse del campo con 0-1 simulando una lesión.
De sobra sé que no es la mayoría, y que además, cada vez hacen menos ruido. Sé muy bien que todos esos comentarios son fruto de la impotencia muchas veces, que se sigue interpretando con desfallecimientos cargados contra los nuestros, porque seguimos exigiendo al fútbol una matemática que no es tal. Pluralizo, porque a todos nos duele perder… Pero por mucho que lo intenté, no pude quedarme sólo con el cómo no te voy a querer de los incondicionales tras el 0-2. Me duele ver que aún no somos una sola alma para convertir la impotencia en ánimos, cuando más lo necesitamos. Me dolió sobre todo, que hay poso para que lleguen la desconfianza y el miedo, y empecemos a perder lo que habíamos conseguido.
Cinco bajas importantes en ataque. Tres partidos nada más. Falta rodaje, como a todos, pero hemos tenido delante a tres equipazos, sobre todo el Almería. Dos partidos en los que no merecimos perder, objetivamente, sin premio. Entra dentro de la lógica que un recién descendido (hasta en su hinchada se nota cómo ha cambiado el Almería en los últimos años) gane a un recién ascendido… y que nuestro objetivo es la permanencia. No era una pose de niño bueno. No. Es nuestro objetivo este año.
No iba a consentir que el Guille creyera que una derrota me iba a desmoralizar, así que conduje, escuché a Iñaki Alonso en rueda de prensa, y sentí esa sintonía que une a plantilla y a ese murcianismo que ilusiona, y que no pierde la confianza jamás. Con una sonrisa en la cara, le dije que habíamos perdido, pero que íbamos a subir a Primera. Hubo carrera por el pasillo, y besos al escudo. No hay nada como la ilusión de un niño para seguir creyendo, a pesar de la cantinela de siempre. Vale.
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