Aquel 0-3

Yayo Delgado, Como una sola alma   11/11/11, 12:21

Hace ya diez años. Pasan las temporadas, y se acumulan los recuerdos, pero siempre hay partidos que uno mantiene vivos en el corazón. Los abrazos por un gol son siempre igual de emocionantes, pero hay algunos que se siguen sintiendo aunque pasen muchos años. Los de aquel día los puedo vivir sólo cerrando los ojos. 150 murcianistas vivimos aquel inolvidable 0-3, en uno de los partidos más memorables de la historia reciente del Real Murcia. Un premio a 150 fieles que acompañaron al equipo en un desplazamiento hostil, cuando pocos creían en llegar al play off, en aquellos años de sueños en el pozo de la Segunda B. Allí estuvimos, entre el murcianismo militante, defendiendo nuestro escudo, y abrazándonos con cada gol como si fuera el último. Aquel día nuestra fe cobró vida, y el Real Murcia, a partir de aquel 0-3, se superó a sí mismo, y acabó ascendiendo a Segunda División. Desde aquel año, no hemos vuelto al pozo.

Los Hércules – Real Murcia, junto a los partidos con el Elche, son nuestros verdaderos derbis futbolísticos. No han tenido la tradición que merecen, y siempre están un escalón por debajo de los partidos que juegan ilicitanos y alicantinos, en los que sí se respira verdadero ambiente de partido del año. Nuestro rival sentimental, el antiguo Efesé, hoy en Tercera División, siempre ha andado una o dos divisiones por debajo del Murcia, y aunque los choques con ellos huelen a partido especial, futbolísticamente, estamos a tres alturas, una distancia demasiado amplia para entender qué es un partido especial. Así, nuestros partidos del año eran con Hércules y Elche, aunque para ellos éramos como un segundo plato, una tercera cita ineludible, sin el halo de la rivalidad territorial.

Con ventipico, cuando toca viaje con la hinchada a campo rival, lo más importante es estar al tanto de la situación que existe entre los más radicales. Es siempre un punto a tener en cuenta en el fútbol, y en los desplazamientos especialmente. Aquel partido estaba declarado de alto riesgo, en Segunda B. Los seguidores murcianistas y los herculanos mantienen desde principios de los años noventa un enfrentamiento directo, que en varias ocasiones ha terminado con peleas y persecuciones, cargas policiales y detenciones antes y después de los partidos, tanto en Murcia, como en Alicante.

La policía instó a que la expedición grana viajara en tren. El control comenzó en la misma estación de El Carmen. Varios furgones de Policía Nacional aparcados en los alrededores de la estación empezaron a vestir las imágenes de gran partido que todos esperábamos. Aquel día, como otros tantos días de derbi, apenas pudimos conciliar el sueño. Al amanecer, ya habíamos desayunado, y preparábamos bufanda y atuendo para el viaje, mochila, y camiseta grana. Dos horas antes del viaje ya estábamos en la estación, ansiosos por vivir un día de murcianismo. Los vagones repletos de murcianistas, las litronas de Estrella, los bocatas, y las banderas por las ventanas del tren, las bufandas al viento en el andén, los cánticos retumbando en el techo de la estación, y los antidisturbios custodiando a la masa murcianista. Ya estábamos allí. Absorbidos por la vorágine del hincha. Después de meternos al cuerpo dos combinas, en el bar de la Estación, subimos al tren.

Cuando estás rodeado por decenas de murcianistas, ataviados con su bufanda, con la misma expresión que te has visto en el espejo, tres horas antes, cuando te has levantado, y has apretado los dientes y los puños mirándote en el baño, hay un sentimiento que te invade, difícil de explicar. Aquel día teníamos la sensación de que íbamos a hacer algo grande. La confianza era máxima. Ocurre siempre, cuando juntas un buen número de hinchas con ilusión. Se genera un ambiente especial, un sentimiento común, que si la afición consigue trasladar al terreno de juego, se convierte en un jugador más, el archiconocido jugador número 12. Crispi no contaba con él, y aquel día, apareció.

El viaje de los hinchas es siempre momento para recuerdos. Anécdotas, y alardes. Unos cuentan historias desde una perspectiva, y otros desde otra. Los más jóvenes escuchan con devoción, y los más mayores demuestran con orgullo su veteranía. El sentimiento es único. Entre cada historia, un cántico, un trago de cerveza, y el ánimo sigue creciendo.

Cuando el tren paró en San Vicente el murcianismo cantaba. Preparábamos la salida en Alicante, donde esperábamos más policía y expectación. Incluso podría haber algunos Herculigans, los radicales del Hércules del momento, acechando, o piedras volando. Había que estar preparados. Cuando empezaron a acercarse al tren varios tipos con las cabezas tapadas por pasamontañas o bufandas, no creíamos lo que estábamos viendo. Varios zamarros, con porras y palos, se acercaban, corriendo, a los cristales, tratando de romperlos con golpes. Desde más lejos, otros tiraban ladrillos, piedras y tornillos. Tres de ellos llegaron hasta la puerta del vagón. Recuerdo los brazos tatuados, con escudos del Hércules y del F. C. Barcelona, a un metro de nosotros, haciendo gestos de rebanarnos la garganta, a los que desde dentro del vagón respondíamos entre risotadas nerviosas. Era un asalto al tren en toda regla, como en el lejano Oeste. No consiguieron su objetivo… Si querían meter miedo, para que engañarnos, a muchos se lo metieron bien metido. Los Herculigans también habían madrugado ese día.

Al llegar a la estación la Policía nos agrupó junto a los seis vagones que ocupábamos. Apenas había ocho policías. Alicante estaba desierto. Esperamos unos minutos, y salimos en cortejo hacia el Rico Pérez, cantando La Parranda, con las bufandas en alto. La gente miraba, pero se iba alejando a nuestro paso. No habían venido a recibirnos. Recorrimos las calles de Alicante en grupo, cántico tras cántico.

Cuando volvieron a aparecer los hinchas herculanos, junto a su estadio, la Policía decidió cargar contra ellos. Hubo insultos, y cánticos, de un lado y de otro, y volaron algunas piedras. Gracias al dios del fútbol ese día no hubo heridos, y todo quedó en bravuconadas clásicas de un derbi. La Policía hizo bien su trabajo. 

El Murcia tenía que ganar. No valía otro resultado. Había que engancharse al cuarto puesto, antes de que fuera tarde. Nuestras opciones pasaban por ganar en el Rico Pérez. Un campo que no se nos daba muy bien. Entramos a nuestro corner como salimos del tren, cantando y animando. No éramos más de 150 murcianistas. Pancartas, banderas, bufandas… y mucha ilusión. Fe. Confianza. Desde el primer minuto. Coreamos los nombres de los nuestros, y los jugadores fueron saludando. Los Cuxart, Aguilar, Nacho, Vaqueriza, Torres… El Murcia empezó dominando desde el principio. El Hércules era favorito, pero los de Crispi ya habían hecho grandes partidos esa temporada. Bordamos el fútbol, en un partido perfecto. Llegábamos con una facilidad pasmosa, y los ánimos en la grada no cesaron. La sensación era de ver jugar al Murcia una combina, sin rival, y con el único aliento de su afición. La desnudez de la grada superior, y el juego de los pimentoneros silenció a la hinchada albiazul. Con el gol, recuerdo abrazos con viejos amigos murcianistas, con los que habíamos pasado los años oscuros, a la sombra del pozo, recorriendo campos sin gradas, y asistiendo a la desaparición de los escudos del Real Murcia detrás de las barras de los bares, y recuerdo alguna lágrima, porque aquel día todos sentíamos que estábamos en el comienzo de una nueva era.

 El éxtasis llegó con el 0-3. Aguilar, que había marcado antes de penalti, sentenció el partido perfecto, tras un precioso 0-2 de Luis Gil, entre cánticos, celebrando el gol junto al murcianismo incondicional, y allí sentimos el fútbol recorrer en cada latido de nuestro corazón todo nuestro cuerpo y alma. Los abrazos se unieron en un único abrazo enorme, entre gritos sordos, y los instantes de alegría máxima pasaron a ser recuerdos en cámara lenta. Aquel día subimos a Segunda, para no bajar, para soñar por nuestro sitio en Primera, donde volveríamos a ver los escudos de antaño presidir barras, traseras de taxis y coches familiares. Recuperábamos el orgullo perdido, de una tacada, con fútbol, ganando nuestro derbi futbolístico, haciendo tangible una ilusión que nos despertó antes del amanecer, a los 150 murcianistas que vivimos aquel cambio in situ. Todo tenía sentido, y había merecido la pena. Vaqueriza, Quique Torres, Luis Martínez, Nacho Zaragoza, Mikel Kortina… al escuchar el pitido final, vinieron al corner. Aplaudían, sudando la camiseta. Botábamos. Saltábamos. Cantábamos. Aquel 0-3 fue algo más que un puñetazo de fútbol sobre la mesa.

La hora de espera en el corner sirvió para saborear aquel triunfo, además de conseguir un regalo especial. Con aquella victoria, el viaje de vuelta fue otra vez un orgasmo murcianista. Se fraguaba el ambiente del viaje a Figueras, donde nos multiplicamos por tres, y fuimos 400, y los ambientazos ante el Granada, ya en el play off, en Murcia, y en Los Cármenes, donde el histórico gol de Pepe Aguilar rubricó lo que logramos con aquel 0-3, que dio al Real Murcia la posibilidad de volver al lugar que el murcianismo incondicional añoró en las gradas de la vieja Condomina durante 10 largos años en el pozo. Ahora, seguimos soñando, y puede ser otra vez en el Rico Pérez donde la nueva historia del Real Murcia comience a escribirse. Nos vemos en Alicante.

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Sanderd

#2

el 14 de Noviembre de 2011 a las 17:50

Gracias por el artículo, Yayo. Al leerlo he comprobado como el paso del tiempo ha dejado algunos datos incorrectos (sobre todo el más triste, volver a 2B hace poco más de un año) pero afortunadamente parece que estamos de nuevo en un resurgir de nuestro club y del murcianismo.
Somos como el ave fénix, porque siempre habrá, pocos o muchos, aficionados pasionales de nuestro club que no lo dejarán morir jamás.

PD: Vaya pedazo de desplazamiento a Alicante el de hace dos días. En realción a aquellos 150 valientes de hace 11 años, hemos aumentado en número y pasión nuestra afición por el Real de manera exponencial. Nuestro potencial es enorme. Viva el Real Murcia.

yayodelgado

#1

el 11 de Noviembre de 2011 a las 12:29

NOTA: En la última visita al Rico Pérez escribí este artículo, recordando uno de los partidos más emocionantes de mi vida murcianista. Os lo dejo hoy:

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