Yayo Delgado, Como una sola alma
05/12/11, 19:29
Fue mi primer ídolo. Cuando mi sueño era idéntico al de todos los que jugábamos tres partidos de fútbol diarios en el patio del colegio, ser futbolista, ganar un mundial, marcar de chilena en la final, un día mi madre me habló de Sócrates. Me llamó mucho la atención que Aurora me hablara en serio de un futbolista, ella, que preguntaba hasta tres veces qué equipos estaban jugando y aún así los seguía confundiendo. Aquel tipo espigado, con barba y un juego lento y preciosista, además de jugar al fútbol había estudiado, y eso era lo que quiso transmitirme ella. De Sócrates me gustó todo. Lo que más, que no era Zico, el ídolo carioca por aquellos incipientes ochenta, su nombre de filósofo griego, y sus goles de penalti. El que marcó a Polonia en México 86 es para mí el penalti de la caverna, el penalti platónico, el mejor penalti de la historia del fútbol. Desde su ejecución, hasta su celebración carismática, puño en alto.
El gol a Zoff, engañando a toda Italia, alcanza un status diferente al ser él quien ejecuta un movimiento de pillo, de jugador especial. Recuerdo explicar a mis compañeros de recreo quién era Sócrates, y por qué era único. Leo que hace algunos años dijo que moriría en domingo, y sería un día con el Corinthians campeón. Cosas del fútbol y su magia, así ha sido. Sócrates utilizó el fútbol para defender ideas… y dejó un lema que valdrá siempre para todo niño que quiera ser futbolista y para todo futbolista que lo consiga: ‘Jugar para que no te olviden’.
Hace poco, ‘El Doctor’ dijo sobre el fútbol: “No se trata sólo del juego en sí. Antes que nada, el fútbol es una batalla psicológica, el aspecto humano es lo más significativo”, algo que si unimos a otra cita, esta vez del filósofo griego que le dio su nombre: “La sabiduría no consiste en la simple acumulación de conocimientos, sino en revisar los conocimientos que se tienen y a partir de ahí construir conocimientos más sólidos” construimos una filosofía aplicable a cualquier aspecto de la vida, fútbol incluido. La pelota nos deja esta semana de diciembre grandes argumentos para afrontar una jornada en la que nuestro equipo ha perdido, por ejemplo, sólo repasando el legado de aquel ídolo, treinta años después. Qué grande es el fútbol ¿verdad? Vale.