Yayo Delgado, Como una sola alma
11/01/12, 12:09
El nuevo estadio del Arcángel parece un castillo visto desde el centro histórico de Córdoba, al otro lado del río. La afición blanquiverde cruza el puente camino de sus gradas, ataviada con banderas, bufandas y camisetas blanquiverdes, como otro río de ilusiones tan caudaloso como el impresionante Guadalquivir, que parece proteger la fortaleza futbolística. Sin embargo, pasar las horas previas al partido en los bares al otro lado del río, desnuda a una afición entre la que me he sentido, como hincha murcianista, más identificado que con ninguna otra. La vieja green and white army cordobesa sufre el síndrome del fútbol sureño español, ese que degustamos los murcianistas en la romántica década de los noventa, de una forma aún más aguda.
Córdoba respira fútbol por los cuatro costados, pero lo que parece una postal de campo europeo, gran ciudad y afición comprometida esconde un desencanto histórico difícil para sus incondicionales. Brindamos con cañas, aficiones hermanas, que han coincidido deportivamente en varias ocasiones ante rivales históricos o por similitudes sociales, económicas y futbolísticas, orgullosos de nuestros 45 grados a la sombra en verano, pero añorando ese gen norteño que otorga a los equipos lluviosos la capacidad de mantenerse en Primera División temporadas y temporadas.
Desde nuestros años en el grupo andaluz los enfrentamientos con el Córdoba tienen para muchos de nosotros ese toque especial de partido emblemático entre dos aficiones grandes en anhelos y capacidad, en ciclos de vida casi siempre diferentes, pero que recuerdan épocas recientemente vividas. No sólo fue aquel golazo de Ramos en el Cartagonova, reducir lo especial de un Murcia – Córdoba a eso es no haber sentido un abrazo blanquiverde entre la marea que sube al Arcángel. Hay mucho más. Los 13.000 cordobeses en Elche dieron una lección al fútbol español que no se conoce, como tantas otras cosas que pasan en nuestro fútbol de bronce, que admiramos quienes estábamos por ahí, luchando, aquellos años malditos.
Ahora, por primera vez, los ciclos de Real Murcia y Córdoba están más cerca que nunca. Cierto que el Murcia vuelve de la B, en un extraño acomodo rápido a la categoría del que adolecen los blanquiverdes, pero ellos están cómodos este año por primera vez en mucho tiempo, y lo hacen con Paco Jémez a los mandos, aquel pedazo de central de uno de los Real Murcia más recordados de nuestra historia reciente. Será este sábado cuando veamos si aquellos que prefieren abandonar la Copa para centrarse en la liga tenían absurda razón cuando vieron mal menor caer contra nuestros hermanos blanquiverdes, en aquel error de Párraga que nos costó el partido en el 90, porque el esfuerzo de hoy frente al Español (ha dicho Jémez que van a por el partido) debe pasarles la factura física que nosotros, maldita sea, no tendremos. Lo veremos con devoción, y si se dejan caer los cordobeses por aquí, habrá cerveceo, charla y abrazo pimentonero, y brindaremos porque algún día, por fin, Córdoba y Real Murcia jueguen varios partidos donde sus anhelos merecen hacerlo. Vale.
"