Yayo Delgado, Como una sola alma
06/09/10, 13:48
Con el primer partido en casa ha llegado el enemigo de siempre. La ilusión, las ganas, y los buenos resultados de los primeros partidos nos habían hecho olvidar la amargura de Montilivi, y con ella, habíamos olvidado también la constante negra, esos arbitrajes punzantes, que nos han hecho tanto mal en los últimos años y que cuesta mundos separar de la conspiración. Desde el descenso de Primera hemos visto rarezas, muchas, y casi nos habíamos acostumbrado a ese handicap. El mazazo nos terminó de hundir, y creímos muchos que el descenso también purgaría la constante negra, pero esta visto que no ha sido así. Quizás es sólo un mal arbitraje. Que estamos en la B para todo, para los arbitrajes también. Esperemos que así sea… y seamos cautos, también tenemos que hacernos a la categoría en ese aspecto, y los valientes vendrán a nuestro campazo a dárselas de árbitros, algo que nos puede fastidiar algunos partidos.
Aún así, pudimos ganar, y terminamos con nueve. Irremediablemente hay que quedarse con eso, con la posibilidad. El Roquetas no va a ser una comparsa este año, por mucho que suene a equipo menor. En fútbol no hay por qué establecer relaciones absurdas de este tipo, y menos en Segunda B. Chipre le metió cuatro a Portugal. No hace falta explicar qué es el fútbol, aunque a veces parece que nadie lo sepa en las gradas. El otro día me encontré con Iñaki Alonso y Sergio Fernández en el centro comercial. Les di la mano, y hablamos un minuto. Confianza fue la palabra. De acuerdo todos, era la clave del éxito en Segunda B. La había antes del partido ante el Roquetas, y debe seguir intacta. Esperemos que dure todo el año, espetó Sergio. Asentimos, y les hablé de la incondicionalidad de muchos cientos de murcianistas. Lo agradecieron sinceramente.
Ahí es donde tenemos otro mundo por cambiar, otra constante negra en forma de exigencias absurdas, hijas del madridismo o barcelonismo galopante y agudo que sufre nuestra centenaria afición. Ellos también son murcianismo, pero ya lo ha dicho Iñaki, no yo, ni los gurús de la incondicionalidad, lo ha dicho el mister: Ojalá la grada presione como lo hacía el Tartiere cuando vayamos perdiendo. De buena tinta sé que muchos lo harán… pero siguen escuchándose pitos y recriminaciones. Insultos, incluso. Contra eso hemos podido otras veces… pero amarga que aún en Segunda B no estemos todos en el mismo barco.
Sí, son las dos caras de una misma moneda, llamada murcianismo. Iñaki Alonso ya las conoce. Tampoco es malo que lo haga. Una cosa es la gente que fue a Campoamor, y otra lo que escuchó cuando empatamos contra el Roquetas. Este punto, importante, siempre, es bueno porque nos va a tener con los pies en el suelo, y va a hacer que machaquemos más para afrontar los partidos aún con mayor superioridad. De momento, árbitros y un empate que pudo no serlo (poste de Kike, oportunidades de Chando, dominio en la primera parte) son fútbol en estado puro, y de momento, no perdimos. Los enemigos de siempre asoman la pezuña en cuanto se ha abierto el telón. Nuestra ilusión y las ganas de renacer habían ensombrecido a nuestros enemigos, pero están ahí, como siempre. Para vencer, los hinchas tenemos la mejor arma: la incondicionalidad. Sigamos poniéndola en práctica. La confianza es la clave para ascender. Vale.