Fernando Cuñado, A Bote Pronto
12/11/10, 15:04
Lo llaman el torneo del K.O. y no les falta razón. Una eliminación prematura puede dejarte con el pie cambiado nada más empezar la temporada. Si juegas en Primera, en las rondas iniciales, se piensa más en no liarla perdiendo contra un rival menor que en levantar la Copa en mayo. En cambio, los de Segunda y Segunda B, andan pensando en salvar etapas para que el bombo les depare un enfrentamiento con el Real Madrid o el Barça. Este año, de momento no tenemos el tradicional tropezón de los merengues que acostumbraban a hacer famosos equipos de divisiones inferiores, basta citar los famosos Alcorcón, Real Unión, Toledo o Alavés. Desde 1993 no ganan esta competición y desde 2004 no llegan a la final, donde doblaron la rodilla ese año contra el Zaragoza de Villa.
A ver si este año dan más juego y no la tiran a la basura cuando la Liga y la Champions sean más exigentes. Por el contrario, el Barcelona con veinticinco es el equipo con más Copas del Rey. La última el año del triplete frente al Athletic de Bilbao, otro histórico en este torneo. Se trata de una competición que a un equipo grande le puede servir para salvar una mala temporada y que puede ayudar a hacer grande a un equipo. Es el caso del Valencia de Koeman, donde también andaba Villa, o del Sevilla que se ha ganado el respeto a base de Copas del Rey y UEFAS. Pero la Copa también es parte de la grandeza del fúbol, de su propia esencia. La mejor prueba es el Centenariazo, aquella final en el mismísimo Santiago Bernabéu que le levantó el Depor al Madrid en lo que parecía la noche ideal para celebrar un siglo de historia.
Partidos míticos hay muchísimos, la histórica remontada del Barça de Ronaldo al Atleti de Caminero y Pantic, 5-4, por citar uno que no se me olvidará jamás. Pero la Copa tiene algo más, te permite ver al Madrid en la Nueva Condomina justo el año del destierro en 2ª B y permite ver a equipos como el Betis de Joaquín, el Mallorca de Etoo'o y el Español de Tamudo levantar un título y soñar a aficiones como la del Getafe, Osasuna, Celta de Vigo o Recreativo de Huelva. Llevo muchos años pensando en que el fúbol le debe al Villarreal un trofeo o al menos una final. La tuvo en la mano y un penalty al palo de Riquelme le robó el sueño de pasar a la historia. Su apuesta por el buen fútbol se merece un premio y parece justo que tengan un lugar en el palmarés español. Si cae el Barça, voy con el submarino amarillo. Se lo merecen.