Yayo Delgado, Como una sola alma
22/11/10, 20:51
En el campo da la sensación de que el Real Murcia es perfectamente consciente de dónde está, de quién es y de qué tiene que hacer. Ablanda los partidos jugándolos duros, con firmeza, rigor táctico y entrega de todos los que juegan, porque este Murcia tiene muchos titulares. Busca sus opciones, aprovecha lo mejor que tiene cada jugador en el momento preciso, y cuando el rival se amontona, o se sube a las barbas, el equipo reacciona, se defiende cuando hay que hacerlo, y no duelen prendas. Era todo lo que se podía esperar grada baja mediante, canto murcianista histórico, de un Real Murcia fuera de la categoría que merece, por todo, pero hacerlo tal y como se espera, es si acaso, lo más difícil, porque una vez más hay que decirlo, y no nos cansaremos, esto es fútbol, donde 2 + 2 son 5. Por eso ganar bien en Écija, aunque sufriendo, sintiendo el fútbol, tiene un valor extradeportivo, y más tal y como está el patio de los Messis y los Cristianos.
Este año estamos siendo el Real Murcia que todos queremos, o casi todos, que a la mínima siempre saldrán los coros griegos aullando, como salieron tras el empate en otro partidazo con el San Roque de Lepe. No porque jugáramos como los ángeles, no. Porque el San Roque puso mucho, y nosotros, con lo nuestro, no perdimos, y pudimos ganar… y perder. Estamos vibrando, que es a lo que voy, y encima, nos está saliendo bien. No olvidemos que somos murcianistas, hinchas que quieren ganar, pero además, muchos somos amantes de este fantástico deporte, y descubrir que aquí, en Segunda B se pueden saborear emociones que en los cielos escasean, también debe ser motivo de alegría. Sí, esperamos estar de transición, pero disfrutemos fútbol y Real Murcia, igual que los 20 héroes de San Pablo, que no dejaron de animar al equipo durante 90 miunutos, recompensados con la victoria, y el orgullo de los miles que les escuchamos cantar como no te voy a querer a través del ordenador.
Porque además los del Ingeniero tocan y contragolpean con clase. Abraham y Pedro están dejando detalles de futbolistas para un sueño mucho más ambicioso que el ascenso, la seriedad de Carles, el mando de Amaya, la mesura y calma que pone Richi en el medio campo y entre todos, Alberto Cifuentes, que con cada paradón salvador arrincona un poco más aquel minuto de muerte, hasta que a final de temporada lo expulse para siempre. La historia del portero del Real Murcia es una película, que no terminaba en Montilivi… empezaba. Espero que los créditos del final los vivamos con Alberto llorando de alegría, bañándose entre una multitud grana, aupado a los altares de los ídolos murcianistas. En ese camino seguimos, reconstruyendo la identidad del Real Murcia, engrasando las piezas de una máquina que compite fútbol, y que de momento, gana. Vale.