Antonio J. Salmerón, Meta volante
25/11/10, 00:43
Cuántas veces habremos oído decir que los castillos de naipes se acaban por derrumbar, porque carecen de la solidez que unos vulnerables náipes no pueden conferirle, seacual sea su diseño arquitectónico. Viene de ahí la importancia que representan unas sólidas bases sobre las que edificar una estrúctura duradera.
Durante casi una década nos hemos jactado de un potencial deportivo que parecía invulnerable, o al menos quisimos verlo así; preferimos saborear el dulce momento. Éramos conscientes de que era producto de la pujanza y bonanza económica, pero sin llegar a plantearnos cuándo acabaría. Hay quien asocia a aquellos tiempos ahora tristemente añorados el vino y las rosas, en clara referencia a las abundancias de que ahora carece el tejido deportivo regional, puede que modélico, pero con pies de barro.
Así ha sucedido en el resto de España. La fortísma ventisca económica que todavía nos azota derrumbaba incluso torres más altas. Todo lo que sube, baja. Ha sido como la sensación de vértigo que nos sobrecoge en una montaña rusa. No es cuestión de ser tremendista, que sí realista y consecuente con lo acontecido. Era, quizá, el momento de recobrar la normalidad, pero es que la realidad atormenta.
El más del 23 por ciento de menos de presupuesto del que dispondrá la Consejería de Cultura, Turismo y Deportes, dicho por éste orden, puede que cause estupor entre los amantes del deporte de la Región, porque afectará de lleno a muchos. Quizá no a sus bases, pero sí a su cúspide.
Hay quienes consideran que el deporte de base carece de sentido si no encuentra espejo en que mirarse, el escenario real y tanginble en que puedan hacer realidad sus sueños los más jçóvenes, un escenario laboral futuro. Cierto es que la práctica deportiva debiera identificarse con la ejercitación física saludable, pero también existe otra versión, muy presente en nuestra sociedad: las entidades deportivas profesionales.
Pero toca apretarse el cinturón. Hay que adoptar drásticas medidas de contención y reducción de gastos, tanto en casa de uno como en la Administración Pública. Rebasamos cotas de endeudamientos inasumibles e insostenibles que nos afectan a todos. Aunque sería justo que ese recorte afectara a todos por igual. Así lo manifestaron hace unas semanas varios clubes de fútbol de Segunda División B de la Región. Siempre hubieron ricos y pobres, siempre, incluso en estos tiempos. Y quizás sea por ello que no haya que recurrir a comparativas, por eso de que las comparativas son odiosas, y tampoco a citar la identidad de los privilegiados que se salvan del naufragio, porque siempre son y siempre fueron los mismos.
Vividos tiempos de sonrisas, ahora tocan las lágrimas. El castillo de náipes se derrumba. Sí, ese que, por muy frágil que fuera, costó sudor y lágrimas levantar. Pero seguiremos colgando cuadros.